viernes, 24 de octubre de 2014

No tengo tiempo para hacer nada de lo que me gustaría hacer

Es complicado abarcarlo todo, uno quisiera hacer miles de cosas y leer todos los libros, y hacer todos los viajes, pero el tiempo es finito, el dinero escaso, y el tiempo necesario para ahorrar para hacer los viajes, comprar los libros y hacer tantas cosas...

Un compañero de trabajo me dijo una vez "las cosas se hacen con orden y secuencialidad" lo que que quiere decir que las cosas hay que hacerlas una detrás de otra y en orden ¿y cómo determinamos el orden? evidentemente marcando prioridades y dependencias entre las cosas que queremos hacer.

La prioridad es vital, no debemos dejar de hacer lo importante para hacer lo urgente, y lo que es evidente, es que no podremos empezar una casa por el tejado, primero son los cimientos, el suelo, el encofrado, los pilares, los pisos, las paredes, las puertas... y por último el tejado. No soy un experto en construcción, quizás no sea el orden correcto, lo que quiero dejar en claro es que hay cosas que hay que hacer primero.

Todas estas son ideas sueltas sobre la idea principal de este post: que no tengo tiempo para hacer nada de lo que me gustaría hacer. Hay que organizarse, ponerse objetivos, metas, y trazar un plan para conseguir llegar a ellas. El tiempo es finito, el tiempo de uno, el de la vida de uno, porque la vida tiene un tiempo, desde que nacemos hasta que morimos, y no tenemos ni las mismas fuerzas, ni las mismas ganas, ni el mismo conocimiento, ni los mismos recursos en todas las edades.

En el libro de Eclesiastés hay un capítulo que habla de esto:

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.  Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;  tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;  tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;  tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;  tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;  tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;  tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.  ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?    Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.  Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.  Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;  y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.  He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.  Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Eclesiastés 3:1-15

Así que mejor no agobiarse, mejor sentarse tranquilamente frente a una hoja de papel, y escribir esas metas, esos objetivos que queremos cumplir, marcar prioridades y trazar un plan, y tomarse su tiempo, porque para planificar hay que tomarse su tiempo de modo que no lleguemos a la mitad del plan y nos demos cuenta de que estábamos equivocados, entonces tardaremos el doble en lograr lo que queremos. Pensar bien las prioridades y las tareas que hay que ejecutar para llegar a la meta, el tiempo que nos llevará y los costes que nos ocasionará, y prepararnos bien para iniciar la carrera y dejar de estar agobiados.

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